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Otras Exposiciones

"Dibujos de Ciego"
Instituto de México en España
Carrera de San Jerónimo, 46
28014 Madrid


Hace ya varios años que conozco la obra de Carlos Vidal (Chiapas, 1957), y una de las cosas que he aprendido contemplándola es que su riqueza hace que podamos aproximarnos a su comprensión desde muchos puntos de vista. [Leer más]

 

 

Oleo, grafito sobre lienzo
114x162cm

 

Oleo, grafito sobre lienzo
100x81cm

 

Oleo, grafito sobre lienzo
100x81cm


Oleo sobre lienzo
46x55cm

 

Oleo, grafito sobre lienzo
195x195cm
 

Oleo, grafito sobre lienzo
130x195cm
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Hay quien ve en ella un erotismo desbordante, omnipresente, apoyado en ciertos elementos icnográficos –tacones, tijeras, melenas, puñales, liebres-, un erotismo de la espera o del proceso de seducción, del “placer implícito en la retención de la expresión del deseo”, como ha dicho con mucho acierto Miguel Cereceda. También se ha hablado del barroquismo conceptual que impregna sus cuadros. Ya en 1996 Fernando Castro Flórez hablaba de una estética barroca, entendiendo como tal “el espesor de una aceleración, la poética del fragmento que mantiene una tensión con respecto a las partes”.
Incluso yo misma me he aproximado a la obra de Carlos Vidal desde la importancia del acto de comunicarse. Letras, palabras, alfabetos, lenguaje de las manos, todo vale como imagen, pero esas imágenes hablan de la necesidad de expresión, del valor de la palabra del lenguaje. Y sin embargo ahora vuelvo a su obra y descubro con sorpresa un elemento del que nunca antes me había percatado: la ceguera. Si, la ceguera. Porque, ¿que lleva a un pintor a llamar a sus dos ultimas exposiciones Delciegoazar y Dibujos de Ciego?. El subconsciente. Y el subconsciente sabe mas de nosotros mismo que nosotros mismos. Entonces vuelvo a mirar la obra con otros ojos y lo veo clarísimo: las melenas sin cara, o lo que es lo mismo, sin ojos; mujeres con un pañuelo a modo de antifaz; los puntos del alfabeto Braille en muchos de sus cuadros; los ojos aislados, solitarios, descontextualizados; las manos, que son los ojos de los ciegos. Incluso a veces jugar a pintar sin ver, con los ojos cerrados, solo por el placer de potenciar las sensaciones, de aumentar la sensualidad del acto de pintar.
Hasta ahora no me habia dado cuenta, pero Carlos Vidal coquetea con la ceguera, una ceguera extrañamente precisa y clara, ese don del destino que le permite ver, adivinar o sentir lo que otros ni siquiera imaginamos.

Titi López

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